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La Piedra

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Ahora él, sin inmutarse lo más mínimo al ver aquel vehículo allí abajo tan cerca, se limitó a observarle con evidente curiosidad. Se podía decir que aquel monstruo armado podía despertar curiosidad en cualquier persona pues tenía de todo. De la superficie de su recién pintado acero, salían aletas, antenas y otros desconocidos dispositivos, que junto a la multitud de cañones que asomaban por todos lados, hacia interesante aquel descomunal juguete. Con vehículos así no debe de ser difícil de ganar una guerra, pensaba Kovac evaluando aquel armatoste con ojos de tasador competente. Claro qué habría que ser bastante rico para poseer tales engendros. No pudo seguir elucubrando más porque en ese momento empezaron a emerger de aquel resplandeciente invento unos cuantos individuos vestidos cono si fueran de otra galaxia. Kovac se acordó inmediatamente de la serie televisiva Star Trek a la que él había sido muy aficionado. Aunque a simple vista estos personajes, a diferencia de aquellos pertenecientes al célebre comando, parecían estar armados hasta los dientes con armas mucho más fáciles de identificar. Aunque no se podía ver gran cosa respecto a sus fisonomías, ocultos como estaban por tanta parafernalia guerrera, a Kovac le dieron la impresión de ser muy jóvenes. Había que ser muy joven para vestirse de aquella manera tan futurista pues debía de resultar muy duro pasearse metido en aquellas complicadas escafandras en ciertas épocas del año.

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El caballete El caballete El caballete El caballete El caballete