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La Piedra

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Será más que suficiente, se dijo reflexivo, tratando de convencerse de lo acertada que podía ser su decisión teniendo en cuenta la total ignorancia que tenía sobre estos temas. Luego tendré que correr a toda velocidad… Por suerte que aún tengo buenas piernas, porque no creo que pueda disponer de ningún escondrijo cercano, calculó en medio de un mar de dudas. No obstante, metódico y detallista hasta la exageración, visualizando en su mente el escenario en donde se iba a realizar la explosión, sabía que no podía permitirse cometer el más ligero error. Prudente que era, y mucho, y no queriendo exponerse a sufrir cualquier accidente, decidió que lo mejor era hacer primero un ensayo general y, además, en el mismo sitio en el que, cuando él lo estimase oportuno, procedería a activar la proyectada explosión. Convencido de lo oportuno de su decisión procedió a reunir con mucha minuciosidad todos los elementos que necesitaba para la realización de su proyecto. Luego procedió a escenificar un completo simulacro de todos los gestos apropiados hasta conseguir la explosión final que, como esperaba, haría deslizar la roca hasta lo que iba a ser su lecho definitivo. Con estudiada parsimonia, extendió la cuerda poniendo especial atención para que quedara bien derecha en la dirección deseada pensando que luego, empapada ya de petróleo, tendría que colocarla exactamente en el mismo sitio con mucha más rapidez. Contaré hasta veinticinco, se decía evitando que le ganase la emoción por lo que iba a realizar. ¡Nada menos que producir una explosión para hacer bascular a un enorme agujero una roca de tantas toneladas! Pensaba que contar hasta veinticinco equivaldría a unos quince segundos aproximadamente, y corriendo como él sabía correr, además, cuesta abajo, tendría tiempo suficiente para hallarse lo bastante lejos cuando se produjera la explosión. Sobre todo, que estaba seguro de que aquella cuerda tardaría en quemarse algo más de tiempo del que él había calculado. Cuando llegue a prender fuego a las mechas de los cartuchos, ya estaré lejos de allí. incluso detrás de los gruesos árboles que se hallaban al borde del rio, se decía él para tratar de vencer su insistente inquietud. Satisfecho de su razonamiento, examinó una vez más el escenario de sus operaciones comprobando que todo estaba perfectamente colocado en su sitio tal y como él había previsto poniendo muchísima atención para cerciorarse de no haber olvidado ningún detalle. Mientras examinaba todo con gran meticulosidad, respiraba profundamente concentrándose en lo que se disponía a realizar. Echando una concienzuda mirada a sus alrededores, para comprobar que no había nadie que pudiera observarle, hizo el simulacro de prender fuego a la mecha, y salió disparado ladera abajo hacia los vecinos árboles, y entre ellos, los más robustos.

lapiedra

El caballete El caballete El caballete El caballete El caballete