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La Piedra

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— ¡La dinamita!, hombre, ¡la dinamita! Si quieres te explico como hay que operar con ella, continuó diciéndole como si él fuera un experto mirándole como un padre mira a si hijo montar por primera vez en motocicleta.
—¡No hace falta! No soy ningún estúpido, le contestó enseguida bastante irritado Kovac como viniendo de muy lejos y sin tener ni la más ligera idea de a lo que se estaba comprometiendo.
—Vale entonces... De todas maneras, tú, tranquilo... Espera a que te contacte uno de mis hombres y ¡Chitón! ¿He?, le decía cada vez más autoritario su pariente mientras se llevaba a los labios su dedo índice.
Aprovechando la caída de la tarde, y constatando que durante todo el día no había observado ninguna actividad por aquella zona, pues los bombardeos ahora se oían esporádicos y no demasiado cercanos. Kovac decidió que debía aprovechar aquella providencial tranquilidad local para prepararse a realizar sus propósitos.

Con toda meticulosidad dispuso los cartuchos de dinamita como recordaba había visto hacer en una antigua película norteamericana. Se alegraba ahora de haber sido siempre un asiduo aficionado al cine norteamericano. A lo largo de toda su vida, había visto infinidad de esas películas llamadas “americanas” independientemente de dónde fueran realizadas. Podía recordar haber visto un sin fin de ellas, algunas incluso las había visto varias veces como si quisiera aprendérselas de memoria algunos detalles. ¡Lo explicaban todo tan bien! Los “malos” eran malísimos y los “buenos” (aunque siempre terminaban vencedores), solía ser tan ingenuos que daban pena. Se podía decir que su único vicio era ver, siempre que podía, alguna de estas películas de acción ya que no soportaba las musicales. Encontraba ridículos esos bailecitos en medio de una conversación. A él, las películas que le gustaban eran las bélicas y las de indios. En estas últimas, no terminaba por comprender la “maldad” de unos seres que se oponían a que unos “ocupas” se adueñasen de sus tierras. Lo que estaba claro es que esas películas americanas eran fuente inagotable de información y enseñanza para saber distinguir el bien del mal. De las escasas películas europeas que había visto, pocas trataban de temas bélicos, y cuando lo hacían, no quedaba muy claro la actitud de unos y otros ya que los detalles de la guerra había que imaginárselos. La mayoría de las veces trataban de complicados argumentos psicológicos.

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