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La Piedra

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Kovac nunca había llegado a saber si era cierto que eran familia, claro que como siempre se habían tratado como si lo fueran, poco apoco lo había ido aceptando como incuestionable verdad. De todas formas, parientes o no, lo que no se podía negar era la gran amistad que les unía. Prueba de ello es que, a pesar de no haberse visto durante algún tiempo, al coincidir recientemente en unos trabajos en el ayuntamiento, su trato volvió a ser tan entrañable como siempre. No obstante, la huella que siempre suele dejar el tiempo hizo que Kovac tuviera la impresión de que su primo parecía ser otra persona. No estaba muy seguro del porqué de ese cambio, pero a él le parecía que la guerra le había transformado. En las ocasiones que el trabajo los había reunido él había notado que su comportamiento era distinto. Ahora se mostraba insoportablemente autoritario con todo el mundo, como si los galones que exhibía en todo momento le hiciera sentirse superior.
—¡Un par de “petardos” y tu roca sale volando!, le decía en aquel momento su pretendido primo, odiosamente prepotente y fanfarrón.
—Yo..., sólo quiero hacerla bascular, balbucía débilmente Kovac, impresionado, a pesar suyo, por el porte marcial de aquel albañil vestido de soldado que no hacía ningún caso a sus verdaderas intenciones.
—Tu tranquilo, que para mí es cosa fácil. Tengo un buen amigo dentro de los mandos…, y no hay problema... ¡Ya verás! Yo y mis hombres hace ya algún tiempo que nos ocupamos de misiones especiales… Tengo adiestrados a unos cuantos, de los míos para realizar actuaciones de riesgo, decía entrecortadamente acariciando instintivamente el lugar en el que debía de llevar la pistola cuando trocaba ésta por las herramientas de trabajo.
— Mañana mismo te envío uno de mis hombres de confianza con los “barrotes”, ¿vale? Luego no tienes más que esperar a que los bombardeos se acerquen un poco por la zona, cosa que no va a tardar, y aprovechas para volar tu objetivo...
—Yo sólo quiero hacerla bascular...
—¿Sabrás utilizarlo?, le cortó bruscamente su primo con ademan y energía muy militar.
—¿El qué?, le respondió Kovac un tanto molesto por no poder expresarse como lo estaba intentando sin éxito.

lapiedra

El caballete El caballete El caballete El caballete El caballete