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La Piedra

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Para Kovac, aquel asunto de la piedra se había convertido en un problema prioritario al cual tenía que darle solución. Poco a poco acabaré con ella. ¡Eso está claro!, se decía él tratando de animarse, aunque no tenía ni la más mínima idea de cómo proceder para conseguir tal objetivo. Aunque a no le faltaba tenacidad cuando decidía realizar alguna cosa, este asunto de la roca lo veía bastante difícil de solucionar. ‘De todas maneras yo acabaré con esa maldita roca!, incluso si tengo que romperla pedazo a pedazo con una maza, terminaba diciéndose para darse ánimos. Mientras maduraba su plan exterminador, al mismo tiempo buscaba la manera de realizarlo, en este caso concreto buscaba donde podría depositar todos esos trozos de roca, una vez que consiguiera romperla. Desde luego que no podría hacerlo en las cercanías de aquellos terrenos, no se lo permitirían los otros propietarios, en cuanto a dinamitarla, según ya le habían advertido en el ayuntamiento, era contra las ordenanzas. “Ten en cuenta que, de haber sido posible, la hubieran hecho volar los te han vendido el terreno tan barato. Además, ahora una vez vendidas ya todas las parcelas colindantes los propietarios se opondrían a que una explosión cause a sus propiedades posibles perjuicios” Pero…, si todavía no hay nada construido en ellas, contestaba él obstinadamente “Además, ya lo sabías tú cuando la compraste, ¿no?”, le respondía no menos obstinadamente el funcionario encargado de estas cosas. “¡Ya conoces las ordenanzas! ¿Vale? ¡Nada de explosiones!” Lo sé, lo sé, había respondido él humildemente ya que veía que de nada servía que él también trabajase para el ayuntamiento. Kovac era de esas personas algo primarias que cuanto más adversidad encuentran para poder realizar sus propósitos, más se empecinan en realizarlos, pero no como esas otras personas mucho más imaginativas que no dudan en cambiar de táctica para para lograr realizar sus deseos. Él tenía que conseguirlo tal y como se lo había planteado desde que viera en la televisión como construcciones mucho más grandes que su piedra se habían convertido en una nube de polvo. No obstante, no era tan simplón como para creer que los deseos se realizan en su totalidad. Su piedra podría explotar, ¡claro que sí!, pero no podía olvidarse de los trozos. ¿Qué hacer con los residuos? ¿Enterrarlos como si fuera un muerto? No tardó mucho en darse cuenta de la importancia de lo que acababa de decir casi en plan chirigota. ¿Por qué no?, se dijo como si acabara descubrir la manera de volar sin motor. ¿Por qué no enterrarla entera, y así el asunto quedaría resuelto de la mejor manera? ¡La enterraría!, se dijo como dicen que Arquímedes formuló su famoso ¡Eureka!

lapiedra

El caballete El caballete El caballete El caballete El caballete