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La Piedra

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¡Idiotas, más que idiotas!, dijo en voz alta, sorprendido y fuertemente indignado ¡Mira que volar una simple cabaña dejando intacta a su lado lo que podía ser una autentica casamata llena de peligrosidad! ¡Están completamente ciegos!, seguía gritando mientras hacía recuento en su cabeza de todo lo que acababa de perder. ¡Lástima de ladrillos!... y la bañera casi nueva que le habían regalado una pareja de jóvenes caprichosos a los que les había instalado una ducha no hacía mucho tiempo. Mirando aquel enorme agujero como si estuviera hipnotizado, se preguntaba ofuscado si a los inexpertos chicos de la UCK se les hubiera ocurrido hacer una cosa así. Desde luego que no, ¡tenían cosas mucho más destructoras en las que entretenerse! Además, hasta la fecha habían demostrado ser mucho más eficientes. Completamente atontado, como si hubiera sido él el que hubiese recibido en su cabeza aquel infortunado misil destructor, continuaba lamentándose. ¡Mi bañera!... ¡Mis herramientas!, se lamentaba caminando nuevamente en dirección de su refugio. Ahora tendría que empezar de nuevo. Encima ahora tendré que acarrear suficiente tierra para llenar este agujero..., se quejaba al mismo tiempo que hacía un pequeño cálculo de todo lo que podía necesitar para paliar en lo posible aquel inesperado destrozo. Necesitaba urgentemente un rastrillo y una pala, para intentar allanar un poco todo aquel estropicio. Se acordó que en una ocasión había abandonado una allá abajo, entre los matorrales, cerca del arroyo. Tal vez todavía estuviera allí. Ahora le vendría bien...Tenía el mango astillado, por eso la había abandonado... Hare uno nuevo, iba diciéndose esperanzado mientras se dirigía sin perder tiempo hacia el lugar que creía recordar haber abandonado aquella pala rota.

lapiedra

El caballete El caballete El caballete El caballete El caballete