logo

La Piedra

Página 16 de 50

Bastante nervioso, desplazó hacia uno de los lados los gastados sacos que le servían para tapar la entrada de aquella especie de cueva, y sin tomar ninguna precaución, retiró también las maderas y las ramas que impedían ver su refugio desde fuera y salió al exterior. Hacía frío, las madrugadas solían ser algo más que frescas por aquellos lugares a pesar de ser principios de verano. Temblando un poco, no sabría decir si era debido a la emoción que le embargaba, o por el frío reinante, volvió a entrar de nuevo en aquel habitáculo para echarse por los hombros la manta que le servía de abrigo. Ni que decir tiene que todos sus movimientos los hacía de forma casi inconsciente ya que su mente estaba dedicada enteramente a lo que pudiera haberle sucedido a la piedra. ¡Si fuera verdad que hubiera desaparecido!, se repetía una y otra vez repasando en su memoria ciertos detalles de lo sucedido. Estaba seguro de que aquella espesa humareda que había visto la formaba buena parte de los residuos de su roca. Sin poderlo evitar empezó a sentir pena por la ruda desaparición de la que, en los últimos tiempos, se había convertido en algo familiar, casi entrañable. Era como si él ya empezara a sentir que durante algún tiempo la iba a echar de menos, Cierto que aquella piedra había supuesto para él una especie de grano, pero eso sí, había sido su grano. Fue con todos estos pensamientos bailoteando en su cabeza y con el corazón dándole brincos de manera incontrolada que empezó a descender precipitadamente por la pendiente en dirección de su terreno. Aunque con mirada persistente, bajo la lechosa luz del día que empezaba a despuntar, sólo lograba distinguir, a través de la considerable nube de polvo que seguía inundando buena parte del terreno una sombra que podía ser la que correspondía a su formidable peñasco. Entre la densa humareda y la poca luz reinante, no distinguía bien los detalles, sólo le parecía ver una mancha obscura allí en donde debía encontrarse su piedra. Parece la piedra, comenzó a decir. ¡Es la piedra!, terminó diciendo desilusionado. ¡No puede ser!, gritó sintiendo una amarga decepción al constatar que efectivamente, el enorme pedrusco se erigía ante él perfectamente incólume. ¡No puede ser!, volvió a gritar furioso, no puede ser…, repitió ahora ya con una rabia teñida ya de su habitual resignación. ¡No pueden haber fallado los “Boys” de la OTAN ¡Su única esperanza!

lapiedra

El caballete El caballete El caballete El caballete El caballete