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La Piedra

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Además de todos esos consejos sobre una compra tan peculiar, también le había hablado sobre política. “¡Créeme!, no es el momento para iniciar tal aventura”, le había dicho la última vez que se habían visto. En esa ocasión, Boris, más contundente que nunca, le había hablado de la más que probable extensión de la guerra a aquellos lugares, y la importancia que podría tener para ellos. Claro que, viendo el parpadeo con el que Kovac mostraba a su amigo su total desinterés por todo lo que no fuera su parcela y cómo deshacerse de la piedra que la ocupaba, puso fin a su discurso con el clásico ¡Bueno, ya veremos!... La verdad es que no sé cómo vamos a terminar, añadió con evidente fastidio mientras se rascaba la barriga como solía hacer cuando notaba que todo lo que decía no era valorado correctamente. “¡Puede que hasta nosotros mismos tengamos que irnos de aquí! ¡Y muy pronto! Por lo menos yo... Todo el mundo de estos alrededores conoce perfectamente mis ideas. Y si hemos de juzgar por lo que está ocurriendo no muy lejos de aquí... Kovac, aunque no solía mostrar mucho interés por lo que le decía su amigo cuando le hablaba de estas cosas, reconociendo que lo que trataba de comunicarle ahora tenía bastante sentido ya que, en cierto modo también le concernía a él, no sólo se apresuró a mostrar que le escuchaba con atención, sino que estaba totalmente de acuerdo con sus palabras, y aunque pensaba que algo tenía que responder, embebido en su mundo interior, lo único que hizo fue encogerse de hombros. ¿Qué decir?, se preguntó a sí mismo buscando justificar su incomprensible silencio ya que, para él, esas historias sobre la independencia de una parte de lo que él siempre había conocido como su único país, no le cabía en su cabeza.

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