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La Piedra

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“Ya veremos cómo acaba esto”, le decía con cierto aire de preocupación su amigo Boris en los esporádicos encuentros que tenían en aquel rincón del almacén que él utilizaba como oficina y cuarto de estar. Era allí donde, si no había clientes a los que atender, se reunían para hablar de todo un poco y, últimamente, sobre la grave situación política actual. Boris, no sólo era ese viejo amigo de toda la vida, pues, el hecho de haber nacido con pocos años de intervalo en el mismo lugar hacía que su trato fuera el que se reserva a los familiares bien avenidos, eso, a pesar de las diferencias que existían entre ellos, ya que, habiendo nacido unos años más tarde, él no había tenido que salir a probar fortuna a otros lugares, como había tenido que hacer Kovac y la mayoría de otros jóvenes como él. Boris, tras sus estudios sólo había tenido que ir al pueblo de al lado para trabajar con su tío en aquel mismo negocio de materiales de construcción que ahora, pasados los años, regentaba él como propietario. “No es para hacerse rico, pero para los tiempos que corren, voy tirando”, solía decirle como si tuviese que excusarse por haber nacido en tiempos más favorables. En todo caso, una época que le había permitido quedarse en los alrededores del lugar de su nacimiento. De todas formas, a pesar de no haber conocido otros lugares, Boris no perdía la ocasión para demostrar estar muy al corriente de todo lo que sucedía, no sólo en su tierra, sino también, internacionalmente. Debido a sus contactos y los oscuros politiqueos que mantenía con unos y otros, parecía estar al corriente de otras muchas cosas. No sólo había sido él quien consiguiera su actual trabajo en el ayuntamiento, sino también seguía proporcionándole otros trabajos en otras casas, prestándole ayuda en calidad de propietario del único almacén de materiales de construcción. Aunque no era un tipo muy accesible para muchos, como en su trabajo trataba a todo el mundo con la misma seriedad, la gente parecía respetarle bastante. Ni que decir tiene que, con su amigo Kovac era sumamente generoso, y a pesar de ser algo más joven, como sabía tantas cosas, se comportaba con él como si fuera el hermano mayor a la hora de darle consejos. Kovac, sin llegar a admirarle por aquello de que “no se puede admirar como se merece lo que no se alcanza a comprender debidamente, escuchaba todo lo que le decía su amigo como si cada una de sus palabras fueran vitaminas con las que alimentar todas sus reflexiones. Últimamente, debido al tema de la compra de la parcela, le había estado visitando con inhabitual frecuencia para pedirle su parecer, reconociendo después que las advertencias que le había hecho al respecto no parecían estar muy desacertadas.

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