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La Piedra

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Casi todos estaban esperando mejores tiempos, pues no estaba suficientemente claro el porvenir de aquella provincia Yugoslava como el resto de todas las que componían la totalidad del país. A juzgar por el ambiente que ya se respiraba en el conjunto de toda la confederación, todo el mundo estaba pendiente de saber como iba a terminar el trágico embrollo Bosniaco para tener una idea de lo que podía suceder después. No obstante, ya se especulaba con las predicciones no muy esperanzadoras sobre el futuro inmediato. Teniendo en cuenta todo lo estaba aconteciendo a cuenta del doloroso desmembramiento de una gran parte del país, todo apuntaba a que algo muy grave empezaba a suceder. El mundo entero parecía estar anhelante esperando las reacciones que pudiera tener los diversos mandatarios de sus respectivos gobiernos. De la decisión de algunos de sus componentes dependía el porvenir de toda aquella provincia, sobre todo, del talante belicoso de una parte del núcleo nacionalista más duro, en donde campeaba faraónico el sumo presidente. A su ya demostrado despotismo, se habían adherido espontáneamente todos aquellos que veían en ese proceso de confrontación con las minorías, el espacio vital para poder dar rienda suelta a sus renacidas venganzas ancestrales. Bajo la ya cuestionable bandera del exacerbado supremacismo de algunos, y al margen de los soldados defensores autorizados del país, también operaban, con el beneplácito del gobierno oficial, diversos tipos de aventureros y revanchistas de toda índole que veían en aquella improvisada guerra la posibilidad de dar rienda suelta a sus más bajas pasiones. También existían aquellos que miraban el conflicto como la solución económica de un país a la deriva. No sólo por estar inundado de problemas sociales que los miembros del mando supremo no habían sabido, o querido solucionar, sino por la tiranía camuflada en las creencias nacionalistas, más o menos utópicas, que sólo habían conseguido empobrecer a buena parte de un país inventado por un dictador. Con estas bases, y en aquel contexto, no resultaba difícil prever que aquel conflicto pudiera agravarse aún mucho más, repitiéndose así, el archiconocido problema que siempre han padecido los Balcanes.

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